El Cerillo, su tragedia…

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ENRIQUE ARANDA

 

Autopromocionado en su momento como el niño maravilla de la LXII Legislatura federal, Ricardo Anaya Cortés aparece involucrado ahora en un escándalo por supuesta corrupción e inmerso en un difícil escenario, donde su presente se evidencia sombrío y su futuro (político) más cercano se pierde entre la incertidumbre producto del (aparente) fracaso de su aspiración a gobernar Querétaro y la forzada perspectiva de asumir, en calidad de interino, como mandamás de su partido.

En las últimas semanas, efectivamente, y aun más después de asumir como (supuesto) número dos del blanquiazul, El Cerillo —como se le conoce en su entidad natal— parece estar siendo objeto del desplazamiento de la atención y/u operación partidista por quienes, con el impresentable Jorge Villalobos a la cabeza, se encuentran más cerca de los afectos e intereses del reelecto Gustavo Madero al que, como se sabe, parecen decididos a llevar a la coordinación parlamentaria en San Lázaro en 2015 y, después, a la candidatura presidencial… previa renuncia a la dirigencia panista.

Una dimisión ésta, que, en caso de concretarse, colocaría al queretano ante la prácticamente irrenunciable “obligación estatutaria” de jurar como dirigente nacional para un brevísimo periodo de 12 meses —previa renuncia a su aspiración de encabezar al PAN en la puja por la sucesión del priista José Calzada en la gubernatura— y, después, a analizar la posibilidad de buscar prolongar tres años más su estadía a la cabeza del CEN… con un equipo que no le es propio ni le debe lealtad y, por si algo le faltara, con la carga de haber sido vinculado al exelbista veracruzano Miguel Ángel Yunes Linares, lo que, a decir verdad, no es poca cosa.

Difícil escenario éste para el otrora favorito del exgobernador queretano Francisco Garduño, que no sólo le impulsó hasta el primer nivel de decisión partidista y al Congreso, sino que, en su momento, le entregó el control del panismo estatal… el mismo que, sin embargo, El Cerillo Anaya parecería ahora estar viendo cómo, a consecuencia del fuego amigo, se le diluye entre los dedos de las manos…