La prosa sinfónica de Pascal

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Que yo sepa, escribe Pascal Quignard, el reverendo Simeon Pease Cheney “es el primer compositor que anotó todos los cantos de pájaros que escuchó trinar en el jardín de su parroquia, durante su ministerio, en los años que van desde 1860 a 1880”.

Anotó hasta las gotas de la cañería mal cerrada que caían en la regadera apoyada sobre los adoquines de su patio.

Transcribió, nos comparte Quignard, “hasta el sonido particular que hacía el perchero del pasillo cuando el viento se embolsaba entre los abrigos invernales.

 Periódico La Jornada
sábado 22 de enero de 2022 , p. 12a

Que yo sepa, escribe Pascal Quignard, el reverendo Simeon Pease Cheney “es el primer compositor que anotó todos los cantos de pájaros que escuchó trinar en el jardín de su parroquia, durante su ministerio, en los años que van desde 1860 a 1880”.

Anotó hasta las gotas de la cañería mal cerrada que caían en la regadera apoyada sobre los adoquines de su patio.

Transcribió, nos comparte Quignard, “hasta el sonido particular que hacía el perchero del pasillo cuando el viento se embolsaba entre los abrigos invernales.PUBLICIDAD

“Me hechizó esa extraña casa parroquial en ese jardín, animado por el amor que un hombre sentía hacia su mujer desaparecida.”

El nuevo libro en español del músico, filólogo, filósofo, historiador, ensayista y escritor francés Pascal Quignard se titula En ese jardín que amábamos, y es un bello poema en prosa, una monumental obra de teatro noh, una novela tan intensa como las novelas más románticas de toda la historia, un ensayo sobre la soledad, el aislamiento voluntario, el aislamiento creativo.

Es uno de los libros más hermosos de Pascal Quignard. Es como el segundo movimiento de una sinfonía que se inició en 1989 con su novela Todas las mañanas del mundo.

Explica el autor:

“Cada año, a principios de diciembre, cuando las noches se hacen demasiado largas, en los momentos en que el petirrojo reaparece en invierno, frecuenta solitario el jardín y se vuelve el único dueño de la ribera, una depresión tóxica y suave, brumosa, insinuante, estacional, gira a mi alrededor como una nube liviana y, finalmente, me atrapa. Después, se hace más densa. Se vuelve casi pesada, poco a poco se transforma en una verdadera tristeza. Entonces, necesito inventarme un objetivo. Necesito engañar al tiempo, llenar las horas, meterme en mi cama, doblar las almohadas, amontonar las frazadas, alejar el frío. Fue así como en 1989 me dieron ganas de contar la vida de un músico que me parecía poco conocido, quien había compuesto bellos dúos de violas en los años 1680. Se sabía su nombre –se llamaba Monsieur de Sainte-Colombe–, pero, entre escalofríos de fiebre, yo inventé su vida.”

“Némie con los labios mordidos, arrugando los ojos para marcarme la entrada. En la intensa complicidad del silencio rítmico vacío que precede a la entrada nos lanzábamos juntos. Al final de la sonata, nos volvíamos a encontrar juntos y estupefactos, en la orilla de lo real.”

Más:

“Bastaba un suspiro de Némie frente a su teclado y no hacía falta que me mirara para que yo sintiera una puntada en el corazón. Comprendía de inmediato lo que me quería decir.”

En La respuesta a Lord Chandos, publicado en 2020, Pascal Quignard vuelve a sus temas hondos: la música y el amor y la libertad que prodiga el aislamiento y sus efectos saludables para la sociedad. Pone el ejemplo de Emily Brontë, a quien dedica el bellísimo capítulo inicial y de quien rescata el concepto central: “La libertad es la preservación del aislamiento personal originario”, y luego ejemplifica con la acción del príncipe Shakyamuni, quien se aisló y “hasta su muerte permaneció sentado” a la sombra de un árbol, para convertirse en el primer humano en lograr la iluminación: El Buda primordial, el Buda Shakyamuni.

En el siguiente capítulo, nos regala la vida íntima de otro músico que decidió, como hizo Pascal Quignard con su propia existencia, aislarse del mundo para concentrarse en crear para los demás: Georg Händel, cuya reclusión sintetiza así Quignard:

“En la pared, sólo un gran Rembrandt. Se trataba del extraordinario Vista del Rin. Eso es todo. Es el único lujo de Händel.”

El único lujo del Disquero es compartir con ustedes, hermosa lectora, amable lector, la música y la belleza y la bondad de la música, porque la escritura de Pascal Quignard lo es todo pero ante todo, es música. Su prosa es siempre una sinfonía y es por eso que, así como él escribió en su libro Vida secreta: “La música, cuando termina, genera en un músico auténtico un silencio sólido y preciso que roza las ganas de llorar”. Nosotros podemos decir: los libros de Pascal Quignard, cuando uno los termina, generan en un lector auténtico un silencio sólido y preciso que roza las ganas de llorar.

*LA JORNADA