A veces el camión va tan lleno de personas que además de representar un mal servicio público y un riesgo de accidentes, es una excusa para que los hombres restrieguen los genitales sobre una mujer, que pasen sus manos por los cuerpos de las pasajeras que van de pie o se encimen sobre el pecho de las que van sentadas.
¿Por qué soportar esta tortura? ¿Por qué tener que silenciar el acoso o peor aún, atreverse a hacer un reclamo al acosador y que mujeres y hombres de alrededor te miren como si la culpable fueras tú por decidir usar tu blusa de tirantes, pantalón pegado o incluso conjunto deportivo?
Porque como si el acoso callejero no fuera suficiente, también en el transporte público los depravados se dan el lujo de tratar a las mujeres como un pedazo de carne que pueden tocar cuando se les antoje y sin ninguna represalia.
Las cosas tienen que cambiar, y la única forma de hacerlo es generando una educación diferente en materia de equidad de género y respeto a los derechos humanos.
Una buena noticia ha comenzado a surgir en esta materia. La Dirección General de Transporte del Estado lanzó su campaña de concientización en redes sociales para denunciar el acoso sexual en el transporte público, sea camión, combi o taxi.
Pero todo parece indicar que hay más, que podríamos estar a poco de presenciar una acción real de protección a las mujeres. Se trata de un convenio con transportistas públicos de Xalapa que permitirán realizar algunas modificaciones a los camiones.
Será algo como el área especial de pasajeras, donde los hombres no podrán sentarse ni ir parados en esa zona, se plantea que sea en las primeras filas del camión, cercanas al conductor para evitar acosos.
Mientras tanto es importante que tanto hombres como mujeres estemos enterados de que el acoso sexual está tipificado como un delito en el Artículo 190 del Código Penal del Estado de Veracruz.
Que el acoso sexual no es solamente un contacto físico sin consentimiento sino también miradas o palabras lascivas, insinuaciones o expresiones corporales con fines sexuales, y por supuesto exhibición de los genitales.
Los acosadores pueden hacerse acreedores a sanciones de entre seis meses y tres años en prisión así como una multa de hasta 300 salarios mínimos. Cuando la víctima es menor de 18 años la pena es de uno a siete años de prisión y una multa de hasta 500 días de salario mínimo.
Es para pensarse. Las leyes se hicieron para la protección de los ciudadanos pero casi nadie las conoce, de ahí la importancia de entablar una red de información y educación. Que nadie se quede de brazos cruzados cuando algún hombre intenta tocar a una niña, que nadie se voltee a mirar a otro lado cuando una joven es mirada o tocada lascivamente.
Que las mujeres nos enseñemos a denunciar, a levantar la voz cuando nos faltan al respeto, a exigir que se nos trate con dignidad para que los cambios que están por realizarse en el transporte público no tengan que ser permanentes.
Para que no exista la necesidad de que en los camiones los hombres tengan que ir separados de las mujeres porque algunos de ellos son acosadores sexuales. Hay que dar un cambio al sentido de la masculinidad para que en algún momento el respeto a las mujeres sea algo tan vital como respirar.
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