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Vueltas de la vida; Adrián Chávez y las paradojas

Adrían Chávez será recordado en el América como estandarte de los campeonatos en un culto a la época más brillante del club.

La paradoja es que él no quería ir a las Águilas, a pesar de que el técnico Miguel Ángel Zurdo López lo quería.

Le dije que no, porque estaba Héctor Zelada y no me iba a dejar jugar, yo quería ir a un Mundial, entonces me fui al Toluca con los que ya estaba todo firmado, pero para mi sorpresa me hablaron con esta amenaza: ‘o te vas al América o te congelamos’, ni modo, mi hijo acababa de nacer”.

No imaginó Chávez lo que le esperaba en el América, al que entró refunfuñando en 1986: Dos campeonatos de liga, tres de Concacaf y una Copa interamericana.

Zelada se enojó porque ya no pudo moverme del puesto titular. La gente creía que no iba a poder con el paquete y duré ocho años”.

La vida ejerce una inflexible cadena de sucesos. En 1994, durante el Mundial, Chávez fue compañero de habitación de Hugo Sánchez, quien al tomar la dirección técnica de los Pumas en 1999, lo llevó para ayudarle en la portería.

Hugo es mi amigo, lo considero una gran persona. Me dijo que no le había funcionado Sergio Bernal y me llevó a pesar de que la directiva no quería contratarme por mi sueldo, que les parecía elevado”.

Chávez fue voluntarioso a los Pumas, con el deseo de ayudar, pero al poco tiempo notó que jugadores del primer equipo cobraban sueldos exiguos y lo comunicó a Hugo Sánchez.

Eso provocó la pelea con el presidente Javier Jiménez Espriú que terminó sacando a Hugo y a mí me hicieron la vida imposible por pedir que pagaran más a los chicos. Quedaron de interinos Raúl Servín y Javier Garay y en los entrenamientos me dejaban a un lado de la cancha, fue cuando medité, ‘¿qué hago aquí?’, entonces me retiré del futbol, no tenía nada que demostrarles, no me respetaron”.

*EXCELSIOR

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