Ripstein persiste sin esperanza y neciamente

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AGENCIAS

 

Arturo Ripstein, director de «El lugar sin límites» y «Profundo carmesí», confesó haber «practicado con entusiasmo y diligencia la obcecación y la contumacia», para explicar su reconocida carrera artística.

Reflexionando sobre su nuevo proyecto, «La calle de la amargura», el director mexicano señaló  que «persistir sin esperanza y neciamente, es una forma de la obcecación y la contumacia, que yo he practicado con entusiasmo y diligencia durante 50 años».

«Tengo un proyecto», dijo  en Viña del Mar, donde se encuentra esta semana como invitado especial del XXVI Festival de Cine de la llamada Ciudad Jardín chilena, un balneario a 120 kilómetros al Noroeste de Santiago.

Se trata de un filme cuyo título es «La calle de la amargura», que «es la frase que se dice, cuando alguien le dice al otro, caminamos la calle de la amargura, es que las cosas pintan sombrías», comentó.

La idea del guión surgió, dijo, como siempre ocurre en algún lado, una conversación, una nota en el periódico, o la conversación con un amigo», eludiendo ampliar la información, aunque da alguna clave.

«Buñuel siempre es una inspiración para mí, y para tantísimos», comentó, quien fuera discípulo y ayudante de dirección del clásico español.

Ripstein tuvo una relación privilegiada con Gabriel García Márquez, aunque aclaró que, «yo recuerdo mucho a García Márquez, antes de García Márquez, que era mi amigo», cuando prácticamente vivió en casa del cineasta, durante tres a cuatro años, y escribió su primer guión de cine.

«En el momento en que García Márquez se volvió García Márquez, entró en otra liga, de la cual yo ya no formaba parte», recordó.

En todo caso no parece haber sido la única diferencia entre los dos creadores, según se desprende a otra respuesta de Ripstein a la interrogante de si el cine debe enfocar el momento social, político, la problemática de la región latinoamericana.

«Hay a quien le importa eso, y quien tiene el instrumento y hay a quien no. Yo soy de los «quien no»  indicó. Haciendo gala de una ironía fina, pero punzante, que a veces se burla de sí mismo.

Por otro lado, es crítico de otros aspectos de la realidad cultural de la región; «Somos islas, individuos», indicó al examinar la falta de relación, vínculos, conocimiento, entre la creación de uno y otro país de la región.

Por ejemplo, dijo, «para ver cine latinoamericano hay que verlo en festivales, no en nuestros países, en México se ve poquísimo cine que no sea el se hace en inglés, es decir, incluyo a todo lo que hacemos nosotros que está como muy excluido».

Por supuesto que haría falta una mayor integración cultural en nuestra región, dijo, ya que apunta que «el tener conocimiento es al final de cuentas tener sabiduría. Eso conduce por el mejor o el peor camino, cualquiera de los dos».

¿Esperanza en las futuras generaciones de cineastas que den testimonio de la realidad de sus países, de sus pueblos?, Ripstein responde: «No, Absolutamente ninguna».

Y explicó: «De pronto, ya no son “los cineastas”, es algún cineasta que de pronto, tenga el talento, la gracia, la oportunidad de hacerlo, (pero) no tengo dudas siempre alguno anda por ahí».