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Luego de sus destrampes sexuales en Italia que repicaron en el mundo, Silvio Berlusconi está de vuelta en la política
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Ha sido perdonado y anda en campaña electoral con los candidatos de su partido
El Papito Silvio Berlusconi, exprimer Ministro de Italia, ha vuelto a ser noticia… para felicidad de sus admiradores que llegan a Veracruz.
La justicia lo exoneró de sus destrampes sexuales que lo llevaron a una menor de edad, Ruby, la chica aquella que él mismo presentaba como la sobrina de Hosni Mubarak.
Y, por tanto, ha anunciado su retorno a la política.
De entrada está acompañando a los candidatos de su partido en campañas electorales, y más porque su abogado, Franco Coppi, ha dicho a los italianos que “las cenas (sexuales) de Berlusconi eran pocos elegantes; pero los pecados no son delitos”, algo así como la versión jarocha de que Dios no castiga el pecado, sino el escándalo.
El Papito, igual que sus pares en el mundo, pasando por Bill Clinton y Jack Kennedy, convirtió sus noches de Bunga-bunga (así llamaba a las orgías con modelos, actrices, aspirantes a políticas y hasta reporteras) en la casa presidencial, donde existía, igual que en la Casa Blanca norteamericana, una piscina, donde algunas veces Marilyn Monroe esperaba, desnuda y una botella de champagne enfriándose, al presidente Kennedy, quien resolvía los grandes y graves pendientes del planeta.
De los años 2010 a 2014 el Papito gastó, claro, del erario, unos dos millones de euros en pagos a las chicas, quienes reproducían la enseñanza mexicana de que a tal edad los hombres sólo inspiran tres estadios emocionales a las mujeres:
La primera, el billete por delante…
La segunda, lástima.
Y la tercera, luego del acto sexual, asco.
No obstante, las chicas, cuyas edades oscilaban de los 18 a los 30 años de edad, se peleaban por estar a su lado en la cama, porque Berlusconi era muy generoso con el dinero público.
Incluso, entre ellas mismas se comunicaban y unas decían a las otras: “Lo he visto un poco acabado. Ha engordado. Se ha hecho más feo”.
Pero, no obstante, seguían desfilando en sus noches de orgía, algunas veces cuando llegaban a treinta, todas formadas en fila india esperando turno.
Unas le llamaban El tío. También, Jesús. Y Le enviaban cartas. Una de ellas: “Amor, inicio esta carta agradeciéndote de todo corazón por haberme cambiado la vida. Eres una persona buenísima. Única. Y de verdad te quiero mucho.
Pero ahora tengo necesidad de un trabajo porque en casa no tengo nada que hacer de la mañana a la noche, pues como sabes, sólo trabajo de noche.
Me avergüenzo tantísimo de tener que pedirte siempre alguna cosa; pero antes de irme con otro a la cama, alguien que no me guste, te pido me ayudes a conseguir trabajo y/o abrir un negocio para ser independiente y ayudar mejor a mi familia.
Si no puedes, Papito, porque somos muchas pidiéndote ayuda, lo entenderé perfecto y te querré muchísimo de todas formas”.
Y, bueno, ante tanta zalamería, el Papito caía seducido.
NOCHES SALVAJES DE BUNGA/BUNGA
El Papito tenía obsesiones como todos los seres humanos.
Por ejemplo, le gustaba que las chicas llegaran a su palacio vestidas de enfermeras y sin ropa interior, y apenas las veía así, hasta con un maletín de doctoras y un estetoscopio, se fingía enfermo para que lo auscultaran y lo curaran y, bueno, la medicina efectiva eran los juegos del amor.
Entre ellas había unas gemelitas, igualitas, gotas de agua, y eran las preferidas porque desde el trono político al Papito le encantaba la perversidad sexual.
Hermanitas y gemelitas.
Claro, para lo que él mismo llamaba noches salvajes tenía, digamos, un jefe de relaciones públicas, un conseguidor, pues, que era el primer filtro.
El segundo filtro era una chica, que dentista de profesión primero había sido la preferida y luego la nombró diputada local y así se convirtió en su encargada de seleccionar el material femenino para las noches de Bunga-bunga.
La obsesión sexual de Berlusconi llegó a lo siguiente: a 14 de sus chicas les asignó de plano un sueldo, con cargo al erario, y a unas, las favoritas, les pagaba la renta de un departamento y les tenía chequera abierta con tarjetas de crédito… a cambio de que siempre estuvieran a su disposición.
Oh paradoja del poder político y económico: todas sabían que eran las chicas de Papito y ninguna se encelaba. Todas aceptaban la realidad, como si fuera una comuna de aquellas donde el patriarca tenía por derecho divino… derecho de pernada.
Silvio Berlusconi gobernó Italia y se dio vida. En su palacio cenaba con sus 30 chicas, todas al mismo tiempo, bailaban, se emborrachaban y practicaban el sexo, incluso, entre ellas mismas porque así le gustaba al primer Ministro… a cambio de regalos, empleos, cargos públicos y dinero.
El Papito habría de ser declarado el héroe político y sexual de todos los políticos del mundo.
En Xalapa, Veracruz, una callecita por ahí podría llevar su nombre…
POSDATA: En Veracruz, el más parecido a Silvio Berlusconi es Jorge Alejandro Carvallo Delfín, quien para alcanzar la dimensión de dandy se operó la naricita y aplicó liposucción al abdomen… Y como él mismo exclamó un día ante Nemesio Domínguez Domínguez: “Yo, con pura Barbie”…

