Periodismo cultural

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La cultura es nuestra forma de vida. Incluye nuestros valores, creencias, costumbres, idiomas y tradiciones. La cultura se refleja en nuestra historia, en nuestro patrimonio y en cómo expresamos ideas y creatividad.

Nuestra cultura mide nuestra propia calidad de vida, nuestra vitalidad y la salud de nuestra sociedad. A través de nuestra cultura, desarrollamos un sentido de pertenencia, crecimiento personal y cognitivo y la capacidad de relacionarnos entre nosotros. Los beneficios directos de una cultura fuerte y vibrante incluyen la salud y el bienestar, la autoestima, el desarrollo de habilidades, el capital social y la compensación económica.

Sin embargo, cultura es un término muy extenso que a menudo se usa en una gran variedad de contextos. Sus significados pueden ser desde conceptualizaciones muy estrechas, como la noción de alta cultura, hasta una visión mucho más amplia de que la cultura abarca todo. Además, se identifican diferentes tipos de culturas, como las culturas regionales, nacionales o incluso mundiales, así como las subculturas o culturas de prácticas sociales compartidas o tradicionales.

A nivel de los sistemas de una sociedad, la cultura a menudo se define como relacionada con prácticas sociales compartidas, significados, creencias, símbolos y normas. De ahí que la relación entre periodismo, cultura y sociedad es simbiótica. El periodismo influye en la cultura, pero también está influido por ella. De hecho, como argumentan algunos, el periodismo es cultura.

De ahí nace el periodismo cultural.

¿Pero qué es el periodismo cultural?

La principal preocupación del periodismo cultural es con las artes (literatura, música, danza, cine, teatro, y artes visuales) y con el trabajo creativo de los artistas, por supuesto, pero de igual manera lo es con los individuos, las instituciones y las políticas públicas y privadas que habilitan el trabajo artístico de esos creadores y de la comunidad a la que pertenecen.

Pero las preocupaciones del periodismo cultural se han expandido a medida que se ha desarrollado nuestra comprensión de la cultura y su papel en la sociedad.

Ahora hablamos de “guerras culturales” y “cambios culturales” o “culturas globalizadas” que impulsan el cambio político y social. Ha habido un mayor reconocimiento en el siglo XXI de las contribuciones económicas del sector de la cultura y las artes al empleo, el crecimiento, el turismo, las exportaciones y el desarrollo, y como un medio para resolver problemas sociales y transmitir valores.

Las llamadas industrias culturales incluyen artes tradicionales, artes aplicadas e innovación creativa. En ella también se reconoce la libertad de expresión, incluida, por supuesto, la expresión artística, como un factor importante para la promoción de la realización personal y la autonomía de los individuos, y es esencial para el desarrollo y la manifestación de las identidades de los individuos en la sociedad.

Algunas personas, incluidos muchos artistas, prefieren enfatizar el valor intrínseco del arte en lugar de sus beneficios económicos o sociales. Sin embargo, los argumentos económicos pueden ayudar a defender las políticas culturales púbicas y sus recursos que benefician a las artes. De ahí pues que la cobertura cultural de los medios de comunicación puede influir en los responsables de las políticas y, algo muy importante, crear audiencias para las artes.

Así que el periodismo cultural se debe ganar un reconocimiento expandiendo su cobertura más allá de sólo el valor de los hechos culturales y artísticos y sus creadores dándole su lugar al valor económico de lo que hoy llamamos industrias o empresas culturales.

Los géneros periodísticos –noticia, entrevista, opinión, editorial y crónica– que una vez aprendimos en la escuela, de los libros o en la práctica, ahora se encuentran realmente un tanto diluidos si no es que olvidados debido a la nuevas plataformas de comunicación digital y electrónica, además del cada vez más agonizante periódico, y las formas de expresión.

Pero en lo personal creo que un género periodístico que puede ser la a salvación del periodismo impreso reside en la crónica, un género más cercano a la literatura. Y es que la crónica toma elementos de la noticia, del reportaje y del análisis. Se distingue porque incluye una visión personal del autor.

Pero de la crónica de verbo audaz, como ha dicho el Alex Grijelmo, dado que los lectores reciben antes las noticias por otros medios más inmediatos. Hoy en día todos conocemos las noticias a través del celular, de la radio, de la televisión. Cuando uno compra el periódico es muy difícil que se encuentre una noticia a la que no haya tenido acceso el día anterior o muchas horas antes.

Una crónica consagrada a enmarcar, describir e interpretar, no necesariamente con juicios de valor, algo en lo que el verbo juega un papel determinante. El mismo periodista español ha dicho que el periodismo en papel tenderá a incluir menos noticias y más crónicas y reportajes para sobrevivir en este siglo de la información inmediata.

El corazón de esa crónica, señala Grijelmo, debe ser el verbo, por su capacidad para evocar acciones y dibujar el panorama por sí mismo. El periodista, no obstante, observa actualmente con cierto temor a los verbos por el valor adicional que confieren a sus palabras, que constituye a menudo una interpretación. Algunos verbos cargan el estigma que acompaña a otras palabras a las que acompañan habitualmente, como traficar e involucrar, asociados muchas veces a actividades de corte ilegal, cuando no tiene por qué ser así necesariamente.

Precisamente alguien que sabe mucho de esos verbos ilegales, por llamarlos de alguna manera, es el escritor mexicano Elmer Mendoza, llamado el padre de la narcoliteratura, muy cercana  por cierto a la crónica, él ha abogado por derramar “pura acción” en los textos a través del verbo.

“Todos los verbos en infinitivo –sostiene Elmer– son auténticas armas de lucha”. Usados con precisión, haciéndolos resplandecer, serían capaces de provocar un infarto al lector por muy tranquilo que éste se haya dispuesto a pasar páginas. Por ejemplo, ha confesado que él se sirve del verbo para aplicar ritmo a sus escritos, manufacturando una telaraña que atrape al lector para que sienta “que va a ir al infierno si cierra el libro” y colocarlo en el epicentro del impacto.

De ahí pues que si queremos hacer una buena crónica, primero hay que leer, leer mucho, sobre todo literatura, y hay que hacer una narrativa móvil, dinámica, siempre apoyada en los verbos.

Porque el periodismo también es literatura, sostenía Gabriel García Márquez.

Mucho se ha discutido si el periodismo es o no literatura. Algunos afirman que ese afán por emparentarlos ya trascendió y ahora resulta ociosa su comparación. Sin embargo, no se trata de si los puristas de las letras le otorgan categoría de literatura al oficio del periodismo escrito, o si los periodistas aspiran a que sus escritos sean reconocidos como obras literarias, sino que los reporteros estén dispuestos a cambiar las deficiencias que aquejan al oficio para convertirse en verdaderos profesionales.

El escritor y periodista Federico Campbell afirma en su libro Periodismo escrito: “Si alguien ha tenido autoridad para expresar su convicción de que el periodismo escrito es un género literario ese es Gabriel García Márquez”. Y el Nobel de Literatura y autor de Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada y Noticia de un secuestro, narraciones que no disimulan su condición de reportajes, definía así su apasionamiento de periodista exiliado en la literatura: “¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella; morir de hambre, frío o lo que sea, con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar y que, al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada?”.

Y quisiera terminar con una frase del periodista y escritor español Manuel Vicent: “El éxito de un periodista no consiste en ser leído sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio”.

 

*Texto leído en el Encuentro sobre Periodismo Cultural en la Universidad (Por la transcripción, LGL)