PALABRA DE MUJER: Asuntos de trapos

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Lety CasillasQuizá ya se echaron su respectiva crítica al viaje de Enrique Peña Nieto, Presidente de México, y su esposa Angélica Rivera de Peña  al Reino Unido donde visitaron a la reina Isabel II.

Ha corrido mucha tinta y fotografías de los momentos en que los Peña y parte de su numerosa prole, (los tuyo y los míos) compartieron con el famoso personaje  británico, su hijo Carlos, su nuera Camila e integrantes de la realeza que fueron invitados a algunos actos protocolarios.

El viaje no se pudo dar en peor momento porque están demasiado recientes los hechos trágicos de Ayotzinapa y la desaparición de los estudiantes normalistas sigue acaparando la atención internacional muy significativamente pues la muerte de “los 43” ha provocado manifestaciones en diferentes partes del mundo y en el Reino Unido hubo una durante la visita presidencial.

En lo que se refiere a nuestro país, la opinión pública manifiesta un gran enojo contra el presidente y su familia, y este viaje ha provocado la crítica dura y muy ácida hacia ellos. La situación no da para que el presidente ande visitando sonriente el vecindario como si las cosas marcharan muy bien en México, que por cierto, ha sido enumerado como uno de los primeros lugares en el mundo donde se cometen más violaciones a los derechos humanos.

Otro motivo de críticas, infinitamente más superficial que los anteriores, ha sido el vestuario de la primera dama mexicana y el fabuloso vestido rojo de Valentino, cuyo costo fue de tres mil 300 dólares, unos 50 mil 820 pesos, con el que la Rivera se veía distinguida y hermosa, y el bolso Gucci de 7 mil dólares que llevaba en el brazo al bajar del avión presidencial.

Quizá soy una mexicana acomplejada, a la que no le gusta que nos achiquemos ante los “grandes y poderosos”. Me molesta que perdamos oportunidades en el deporte por ejemplo, porque nuestra mentalidad de indígenas conquistados no nos permite que salgamos adelante cuando se requiere entrarle con coraje a lo que tenemos enfrente. Ya se que hay muchos mexicanos valientes y capaces que han triunfado:  Mario Molina, Octavio Paz, Salma, González Iñárritu, Cuarón, y un largo etcétera, pero la situación general es que a los mexicanos casi todo nos apantalla e inhibe.

Por eso, a pesar de Ayotzinapa y el origen incierto de la casita de la primera dama, yo si apoyo que la pareja presidencial mexicana gaste lo que tenga que gastar en vestirse de acuerdo a la condición, y no que nuestra primera dama use vestidos hechos por la costurera de la colonia y se le ande cayendo el rebozo como solía pasarle a la Calderón, que siempre me ha caído bien, pero a quien la elegancia simplemente no se le da.

Yo pienso a la antigüita, primero que la ropa sucia se lava en casa y que más allá de lo que pasa en el país, si el presidente va de visita a otras naciones debe presentarse como quien ostenta el más alto rango a que un mexicano puede aspirar.

Además del gusto por las ropa cara, su encanto deben tener los Peña porque en las fotos que se publicaron de la visita, la reina Isabel generalmente seria y distante se ve relajada y sonriente con la pareja que lució guapísima siempre. Porque Enrique Peña puede tener muchos defectos como político además de ser falto de sensibilidad, ponerse nervioso cuando da un discurso, tener deslices lingüístico tremendos y un pésimo nivel de inglés, pero de que es guapillo y distinguido, lo es, lo mismo que la gaviota, y más, vestida de diseñador.

Respecto al viajecito lo que más prurito causó es que a una visita de estado, aunque no está restringido según se sabe, los Peña hayan ido cargando hasta con el perico, porque doble contra sencillo que a sus adorables hijas, los mexicanos también les compramos sus trapitos y el costo de ese vestuario también fue de grandes proporciones convirtiendo la ocasión en un dispendio.

De las niñas presidenciales, el vestido del que más se ha hablado fue un Dolce & Gabbana que Sofía Castro lució en una foto publicada en Instagram, cuyo costo de siete mil 274 dólares fue por mucho, más caro que el rojo que usó su mamá en la cena de gala con la realeza británica.

Pero las redes sociales que actualmente parecen erigirse como el fiel de la balanza y ponen todo y a todos en su lugar, la tupieron con los más despectivos calificativos por andarse gastando nuestro dinero en ropa. Porque una cosa es vestir a la primera dama y otra muy diferente comprarle sus trapos a toda la parentela presidencial, sobretodo cuando hay tanta gente en México que ni zapatos tiene.

 

LOS TRAPOS POR MUY CAROS QUE SEAN NO QUITAN LO FEA

Es bien conocido que los refranes siempre dicen la verdad, como aquel de “aunque la mona se vista de seda…”, que nunca estuvo mejor aplicado que con Elba Esther Gordillo. Y es que los mexicanos recordaremos por muchos tiempo con indignación las carretadas de dinero que gastó la mujercita en trapos, en un afán enfermizo por verse mejor, (recuérdense las evidencias de innumerables cirugías plásticas faciales y decenas de aplicaciones de botox), sin darse cuenta que la fealdad interior es la peor.

La Gordillo era fan de vestirse con marcas carísimas como Channel y otras que el mundo globalizado nos ha acercado.

La maestra no se andaba con miserias, tenía las cuotas sindicales literalmente en sus manos y a su antojo se pagaban tremendas cuentas en las tiendas más caras de Estados Unidos. Sus grandes gustos consistían en comprarse, por ejemplo, hasta 15 pares de zapatos en una visita a Neiman Marcus. Elba Esther le llegó a pagar alrededor de 3 millones de dólares a la famosa tienda departamental.

Lo peor es que el suyo era un caso sin remedio, porque aunque la fealdad física resulta ser subjetiva y accidental, la maldad y ambición desmedida también afean.

 

UN TRAPO ROJO

Con un montón de preguntas nos dejaron las noticias sobre dos alpinistas que murieron en una expedición en el Pico de Orizaba hace más de cincuenta años.

Las fotos de uno de los cuerpos que emerge de la nieve recorrieron el mundo en instantes, ya que el hallazgo habla de un hecho que sucedió hace largo tiempo y seguramente pondrá fin a especulaciones sobre el paradero de las personas de quien se trate cuando se descubra su verdadera identidad.

Un detalle que vino a hacer el caso aun más interesante son las declaraciones de Don Luis Espinoza, sobreviviente de una fatídica expedición realizada el 2 de noviembre de 1959, que culminó con tres de sus compañeros muertos y que él asegura son los cuerpos encontrados. Este personaje incluso alcanzó a descubrir en las fotografías de la escena un pedazo de trapo rojo en el antebrazo del cuerpo, que de inmediato asoció con el suéter que vestía uno de sus compañeros y que mostró en fotos tomadas antes del ascenso. Aunado a lo anterior, el ex alpinista ve gran parecido entre las facciones que se adivinan en el cráneo sobre la nieve y su compañero Enrique García “El Calavera”.

Por otro lado, una familia poblana coincide en parte con la declaración de Don Luis, sólo que ésta cree identificar en  el cuerpo momificado por congelación  a Juan Espinosa Camargo, otro de los jóvenes que participó en el ascenso, quien tenía en ese entonces 18 años.

Habló al respecto doña Reyna, hermana de Juan quien salió el 31 de octubre rumbo al Pico de Orizaba para realizar la subida a la montaña, después de la cual se retiraría por ser una afición sumamente peligrosa. El alpinista nunca regresó ni su cuerpo fue encontrado, lo que causó a su familia un permanente desasosiego. La causa de la muerte fue una avalancha que  lo sepultó junto con sus amigos.

La familia Espinosa Camargo en temporada de deshielo ha contratado varias veces a alpinistas para recorrer el Pico de Orizaba con la esperanza de encontrar el cuerpo de Juan.

Al paso de los días junto con las declaraciones han salido a la luz varias fotografías, que muestran a los siete muchachos el Día de Muertos del 59 cuando subieron al Pico a encontrarse con un hecho que acabaría con la vida de unos y marcaría para siempre la de otros.

Uno de los detalles que más llaman la atención de las fotos viejas que se han mostrado es el tipo de ropa que visten los jóvenes que posan en el paisaje nevado. No se les ve ningún equipo especial y los trapos, pantalones, chamarras y gorras que lucen son tan delgadas como la que se pueden usar actualmente para un día apenas frío.

La situación era absolutamente diferente a la actual y si en el Distrito Federal había pocas tiendas, en provincia había menos y prácticamente no se encontraba ninguna cosa especializada. De hecho, no se encontraba fácilmente nada, por eso el contrabando hacia nuestro México en esa época consistía en mucha ropa, aparatos eléctricos, quesos, juguetes y licor. De ahí que los aficionados a algún deporte, en  este caso  al alpinismo, lo  practicaran  con la ropa de calle que ponían una sobre otra porque no había para más.

Ha sido tal la expectación que ha causado el descubrimiento en el Pico de Orizaba que de diversos países se han recibido peticiones de investigación sobre el caso pues coincidentemente estos reportan personas desaparecidas por la misma época en la montaña más alta de México.

Las indagaciones siguen y ya hay equipo de rescate alpino que sólo espera que mejore el tiempo para encargarse de bajar los cuerpos de aquellos jóvenes, que un día de 1959 creyeron dominar a la montaña.

Contacto: letycasillas@prodigy.net.mx