La política en tacones: Yo, ¿feminista?

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María del Pilar Ramírez

Por Pilar Ramírez

En los primeros días de marzo, la politóloga y analista Denise Dresser escribió un texto titulado “Yo, feminista”; inusual comparado con su estilo porque eligió redactar una narración de carácter íntimo y personal. Es más, lo anunció desde el párrafo introductorio. Dedicó la columna a su hija Julia. Contó cómo desde el momento en que nació le prometió, y seguramente se prometió a sí misma, que “aunque tuviera que vender tacos, escribir millones de columnas y pronunciar conferencias en cada recóndito lugar de la República le daría la mejor educación del mundo”.

Afirma Denise que esa es la mejor manera de ser feminista: educar a las mujeres para la ambición. Declaró además el orgullo que siente por Julia, quien por esos días paseaba en Turquía, después iría a concluir la preparatoria en el United World College de Gales y posteriormente entraría a la Universidad de Yale, donde ya había sido aceptada. Sí, una de las ocho codiciadas y carísimas universidades de la Ivy League de Estados Unidos. Cuando lo leí me pareció inteligente como siempre, pero lo valoré más por el ingrediente personal del texto. Pensé que si Julia fuera mi hija también me sentiría muy orgullosa de ella.

Me llamó la atención que una feminista xalapeña, a la que respeto mucho, escribiera lo siguiente en Facebook: “empece (sic) a leerla, pero supe que no estaba lo suficientemente fashion para continuar… Así que fui a buscar mis louis vuitton (sic), pero no los encontré, entonces busqué las fotos de mi hija en saint tropez (sic) y me acordé que aún no la llevo… Mejor mandé a volar este artículo, donde no me queda claro si está intentando explicar que ella es feminista o afirmando que es una aristócrata de alto impacto”.

Como a la peste, le huyo a los debates casuales en las redes sociales, pero me pareció tan desproporcionado el comentario que metí mi cuchara ―feminista― para comentar que no dudo del feminismo de Denise Dresser y coincido en que la mejor manera de serlo es abrevar en el conocimiento, ser inteligente e instruida. De hecho, la autora del comentario lo es y me consta que ha puesto su inteligencia al servicio de las causas femeninas. Otras usuarias de la red, unas conocidas y otras no, estuvieron de acuerdo conmigo o manifestaron su apoyo al comentario agrio contra Dresser. De ellos, destaco el de otra muy querida compañera feminista que declaró su admiración por la politóloga pero le parecía fuera de lugar la ostentación en un país como el nuestro y le quedaba claro que entre las feministas también hay “mirreinas”, la palabreja acuñada por el periodista Ricardo Raphael, vestida de categoría sociológica pero que sólo hace alusión a la superficialidad de la ostentación de la gente adinerada.

Pregunté y vuelvo a hacerlo, ¿desde cuándo para ser feminista se debe ser pobre? ¿está bien ser feminista pública pero gozar de holgura económica en lo oscurito? ¿el feminismo sólo es aceptable en el contexto de la lucha de clases? ¿los intelectuales adinerados son por definición intelectuales orgánicos, aquellos que según Gramsci colaboran en el sostenimiento del sistema capitalista? ¿está prohibido a las mujeres adineradas ser feministas? ¿alguien tiene algún dato de que los recursos financieros de Denise Dresser son mal habidos como para que le avergüence decir que puede enviar a su hija al extranjero?

La promesa que Denise Dresser le hizo a su hija es quizá la que hacemos las madres que vivimos la maternidad con alegría, todas aquellas que nos extasiamos con un pequeño ser humano que nos quita el aliento y quisiéramos poner el mundo a sus pies. Sin duda, casi todas esas madres también han prometido darles lo mejor a sus hijos pero la aplastante realidad del país las orilla a que terminen por darles lo “mejor que pueden” y no son pocas las veces en que pueden muy poco por más que se esfuercen. Esa es la realidad, pero no invalida, sino reafirma, el argumento central de Denise Dresser: una mujer educada e independiente será una mujer que difícilmente admitirá maltratos, tendrá herramientas para ver las injusticias, para identificar la violencia hacia las mujeres, porque todas, aun las más privilegiadas se topan, como bien dice Gabriela Warkentin, con techos de cristal. Creo que la ecuación es que a mayor inteligencia más posibilidades de ganar una persona a la causa del feminismo.

Lo rescatable de este diferendo es señalar que no hay un solo feminismo y mucho menos alguien que pueda dictar normas para “ser feminista”. Como bien dijo alguien en un comentario “cada mujer vive el feminismo desde su realidad”. Es tan feminista Denise Dresser con sus análisis políticos y enviando a su hija a Yale ―donde lograr la aceptación es en sí misma un logro―, o las mujeres que dominan una mochila teórica que las introduce en los grupos parlamentarios o en las instituciones dedicadas al género y las activistas, como la masa granular de mujeres que por su historia personal, marcada por la violencia, se convierten en militantes feministas: las madres que viven el dolor de una hija desaparecida o asesinada, las mujeres que reciben cotidianamente golpes y maltratos, las trabajadoras que reciben menos salario que sus pares hombres por el hecho de ser mujeres, las que no tienen oportunidad en la política porque no pueden acudir a los lugares donde los hombres suelen definir estas posiciones. Toda mujer que por cualquier vía sea capaz de vislumbrar cuáles son sus derechos y luchar por defenderlos es una feminista valiosa, sin necesidad de ver su cuenta bancaria. Por desgracia, vivimos en un país donde comer tres veces al día puede ser, en ciertos lugares, una ostentación.

Ahora que retrocedimos por lo menos treinta años en materia de libertad de prensa, Denise Dresser acaba de dar muestra de su feminismo, en la mejor manera que ella lo entiende: ser inteligente y pensante. Después que MVS anunciara el despido de Carmen Aristegui, publicó en su cuenta de Twitter: “MVS da por terminada su relación con Carmen Aristegui. Yo doy por terminada mi relación con MVS”. Y conste que tiene el compromiso de pagar la universidad de Julia, que no es nada barata.

ramirezmorales.pilar@gmail.com