La literatura juvenil debe responder a lo que viven sus lectores

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El crecimiento de la literatura juvenil es un fenómeno que parece no tener fin, pues la lectura sigue siendo una de las formas favoritas del entretenimiento adolescente a pesar de la competencia omnipresente del internet u otros distractores digitales. Es una magia textual que pretende conquistar la imaginación de nuevas generaciones con la ayuda de la edición editorial.

Con el propósito de reflexionar en torno a este fenómeno, el escritor mexicano Alberto Chimal ofreció una charla en línea para hablar de la labor que está detrás de la publicación de un libro dirigido al público joven, y cómo este tipo de obras deben partir de una escritura creativa que resulte atractiva para las y los lectores.

Durante la sesión titulada Edición de libros de literatura juvenil, que formó parte del Laboratorio Editorial de Libros UNAM, el cuentista y novelista especializado en literatura fantástica tomó como punto de partida el acercamiento a las letras desde la niñez, que para la mayoría constituye el primer paso en el mundo literario, el cual se da principalmente por recomendaciones al interior de la familia que, aunque tienen las mejores intenciones, no siempre van en la misma dirección de los intereses de los supuestos beneficiados.

“Es interesante cómo nos relacionamos con la lectura a diferentes edades y cómo, en ocasiones, lo hacemos a pesar de lo que otros esperan de nosotros. Es algo que ocurre con frecuencia en el mundo de la literatura para jóvenes, la edad cuando surgen historias de descubrimientos felices y de lecturas apasionantes con las que las personas adquieren para toda la vida el gusto de leer”, indicó.

Y es que en muchas ocasiones la literatura juvenil ha sido la que han determinado las editoriales sin la participación del público al que va dirigida. “Es una historia hecha por adultos que no siempre toma en cuenta lo que realmente están pensando o experimentando los que se supone serán los lectores”.

Explicó que el proceso editorial de esta literatura no es tan distinto al de otro tipo de obras. Las diferencias, apuntó, tienen que ver con el contenido y con la difusión.

El autor de Éstos son los días y Manda fuego señaló que cada historia debe buscar ser apta para cada edad, ya que su labor es plantear un contexto sobre la vida y los intereses de los jóvenes lectores, evitando a toda costa pautas que persiguen otros fines. “Esto de obedecer reglas arbitrarias que provienen de fuera del ámbito literario está muy presente a la hora de considerar el contenido. La mayoría de las editoriales, además de tener que ocuparse de las necesidades básicas de lo editorial, tiene que considerar prescripciones ajenas a las nociones de la calidad. Hay gente que les exige respeto a la moral, a las buenas costumbres; existen editoriales que tienen influencia de cierta iglesia, incluyendo a toda una clase de actores adicionales que tienen injerencia sobre lo que se decide publicar o no”.

Aún así, sostuvo, el campo de la literatura juvenil goza de una amplia libertad creativa, si se le compara con otras divisiones de la industria.

En cuanto al tema de la distribución y la difusión, el también traductor de autores como Edgar Allan Poe y Nnedi Okorafor dijo que en la actualidad se han diversificado tanto que resultan muy complejas. Expuso que es indispensable valerse de las tecnologías digitales, ya que este público es uno de los más abiertos a estas, lo que ha producido escritores que hacen una carrera muy exitosa fuera del entorno convencional de las librerías.

Chimal concluyó que la literatura juvenil está en transición, pues no se han terminado de asimilar las modificaciones que ha traído la tecnología. Ejemplificó con fenómenos literarios como los de Harry Potter, de J.K. Rowling, y Crepúsculo, de Stephenie Meyer, en los que, aseguró, sus grupos de lectores no son homogéneos. “Uno los va a encontrar enormemente fragmentados, no sólo en términos de su disfrute o su postura ante lo que se cuenta en sí, sino por una variedad de factores adicionales. No son públicos monolíticos, y esa es una realidad que se tiene que tomar en cuenta a la hora de pensar en el proceso editorial de los libros para jóvenes”.

En la sesión de preguntas del público, donde se le pidió una opinión sobre la edición de clásicos de la literatura infantil y juvenil, dijo que cuando se busca comunicarse con un público joven debe plantearse la escritura de cosas nuevas y no reescribir la tradición. “Creo que a veces se olvida esto porque en la sociedad capitalista en la que vivimos se ve más fácil y económicamente beneficioso tratar de explotar obras que ya están en el dominio público”.

*INFORMACIÓN UNAM