La crónica de hoy: ¡Qué austeros!

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ALEJANDRO HERNÁNDEZMientras que los presupuestos al sector Salud, al de Educación, incluso a las paraestatales del sector productivo, como CFE y PEMEX, se redujeron y ya se traducen en despidos masivos de obreros, esto por la caída de los precios internacionales del petróleo, nuestros senadores, esos siempre vigilantes del pueblo y sus necesidades, también le entraron a la austeridad y, en un acto de generosidad digna sólo de un prócer o un mártir, se redujeron de su sueldo la exorbitante cantidad de: ¡cien pesos mensuales!

El salario de un senador, aparte de otras compensaciones, es de 117 mil 600 pesos, por lo que luego del “descomunal” recorte a que se han autosometido, ya nomás van a cobrar 117 mil 500 pesos. Una verdadera ofrenda en pro del bienestar del país, algo que quedará asentado en los libros de historia como uno de los más grandes “sacrificios” que patriota alguno haya hecho antes. Olvídese del Héroe de Nacozari, que sacrificó su vida manejando un tren con explosivos lejos del pueblo que lo vio ir a la inmortalidad; deje de lado la muerte dolorosa de Moctezuma, que a pesar de que le quemaron los píes no dijo a los españoles dónde estaba el tesoro nacional. Qué son las penurias de Juárez, cargando la presidencia por todo el país durante la Reforma, en comparación al inconmensurable acto de austeridad republicana de dejar de recibir cien pesotes de su sueldo de nuestros representantes populares. ¡Payasos! Eso son esos tipejos que, en un acto de cinismo brutal, se burlan de esa manera del pueblo reduciéndose una cantidad irrisoria que, si su mezquindad no se los impide, a lo mejor hasta de propina se lo dan al que les bolea los zapatos.

Pero mientras estos mamarrachos se mofan de los ciudadanos con simulaciones ridículas, hay 60 millones de mexicanos que viven en la pobreza extrema, una mayoría de ellos padeciendo la peor de las miserias: la pobreza alimentaria. Es decir, millones de compatriotas, todos los días, no saben si van a comer o no. Mientras estos parásitos se ríen del pueblo “rebajándose” el sueldo, miles de niños y jóvenes dejan la escuela, porque sin dinero o se sobrevive trabajando desde temprana edad o se muere de hambre.

Mientras estas rémoras de la Patria gozan de seguridad personal, de servicios de salud en el extranjero, de comidas gratis en los mejores restaurantes, usan vehículos de lujo, viven en mansiones de ensueño y viajan a costillas del erario, el mexicano promedio se la tiene que ver con la delincuencia, la inseguridad, la violencia, los impuestos y, además, tiene que verles la jeta de burla cuando le dicen que, en “solidaridad” con él, van a dejar de ganar cien pesos al mes.

Ante actos tan grotescos como esta rebaja salarial de los senadores, es imposible no entender porque la brecha entre políticos y ciudadanos cada vez es más grande. Simplemente no hay manera de que nuestros políticos entiendan lo que verdaderamente necesitamos y, en contraparte, nosotros jamás vamos a entender por qué ellos piensan que somos retrasados mentales. Los ciudadanos ya no somos como niños a los que se les puede engañar y, poco a poco, vamos a recordarles todas y cada una de las afrentas que nos han hecho. ¿Dónde? En las urnas, que es ahí donde hay que cobrárselas.

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