La crónica de hoy: Amenaza en taxi

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ALEJANDRO HERNÁNDEZHace tiempo, en Xalapa, la mayor amenaza que representaba un taxi, y el taxista que venía dentro, era que le pegaran a uno, si uno llevaba auto, o que lo atropellaran, si iba caminando. Hoy en día, a esos peligros se les ha agregado otro, la delincuencia, permítaseme llamarle: sobre ruedas.

De unos meses a la fecha una gran cantidad de delitos en la ciudad se cometen a bordo, o con la ayuda, de un taxi, desde robos a casa habitación, hasta asaltos a mano armada y violaciones.

Esto se debe en gran parte a la desbordada ola delictiva que azota a Xalapa, que las autoridades no han podido controlar a pesar de los “vistosos” operativos de la Secretaria de Seguridad Pública, pero también al gran descontrol que existe en la Dirección de Tránsito y Transporte del Estado (DGTTEV), que no tiene un padrón actualizado de los choferes que manejan ese tipo de unidades de transporte público, y a la poca comunicación que mantiene con los concesionarios, los cuales a discreción contratan a sus choferes.

Si tomamos en cuenta que el universo de concesiones de taxis en la región Xalapa, como es que se conoce en la DGTTEV la zona metropolitana de esta ciudad capital y que comprende los municipios conurbados con ella, es de aproximadamente ocho mil taxis —no contando los piratas, que los hay—, y que de estos una gran mayoría trabaja turnos dobles o triples, tendremos que debe haber por lo menos 15 mil choferes de taxi, los cuales obviamente no están registrados en un padrón oficial, ni tampoco firman contratos, por lo que no se puede tener control sobre de ellos, mucho menos saber quiénes son, si tienen antecedentes penales o dónde viven ni qué mañas tienen.

Y no quiero decir con esto que todos los choferes sean unos delincuentes, pues hay organizaciones de taxistas que sí mantienen un control sobre sus choferes, de los cuales muchos de ellos son muy profesionales, sino que existe una gran discrecionalidad al momento de contratarlos, pues a veces el único requisito que se les exige es que paguen una especie de fianza que ampara al automóvil que manejan, pero no a los pasajeros que lo usarán.

Hace algún tiempo existía algo llamado Tarjetón, que no era otra cosa sino una especie de credencial de gran tamaño que contenía los datos del taxista, incluyendo su fotografía, que lo acreditaba para manejar la unidad en la que uno se subía y que tenían que mantener colocada en un sitio visible. Si uno veía que el Tarjetón no coincidía con la persona que manejaba pues no se subía.

Es necesario que la Secretaria de Seguridad Pública, mediante la DGTTEV, exija a las organizaciones de taxistas que se ponga orden en la plantilla de sus choferes, y que implemente nuevamente el Tarjetón, u otra forma de identificación que sirva al usuario para verificar que el chofer esté avalado para prestar el servicio, pero sobre todo para saber que no sea un delincuente que atente contra las personas y su bienes.

 

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