La crónica de hoy

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ALEJANDRO HERNÁNDEZ

Cada vez menos árboles en Xalapa

El crecimiento desordenado de la ciudad, aunado a la poca cultura ecológica de fraccionadores, ya no se diga de los invasores de predios, y a la poca, o nula vigilancia del Ayuntamiento para evitar su tala, ha provocado que cada vez haya menos árboles en la ciudad.
Día a día son talados cientos de árboles para dar paso a la mancha urbana, la cual si bien es cierto no se pude detener, sí podría ser regulada para que creciera, ya fuera respetando las zonas arboladas, o dejando en los trazados de los nuevos fraccionamientos áreas verdes suficientes.
En este tenor la Dirección de Desarrollo Urbano Municipal pretende obligar a los fraccionadores y constructores, a que por cada árbol que talen siembren cincuenta. Estas medidas, llamémosle exponenciales, se oyen muy bonitas, pero en realidad deberían de ir más allá de centrarse en el número solamente. Es decir, la tala de árboles para la construcción de nuevos asentamientos, siempre agrede a la flora endémica, árboles y plantas nativos que crecen bien dado su adaptatividad natural, por lo que en la minuta o acuerdo que pretende hacer Desarrollo Urbano debería especificar el tipo de árboles que deberían de sustituir a los que se talen. Esto porque casi siempre se utilizan para la reforestación de camellones y áreas verdes especies no nativas del lugar, lo cual traerá a futuro, cuando los árboles ya hayan crecido, que sean talados por necesidad. Un ficus, especie bastante socorrida por fraccionadores y por las propias autoridades de Parques y Jardines, por poner un ejemplo, tarde o temprano acabará rompiendo las banquetas, pues sus raíces crecen mucho; y lo mismo pasa con el follaje si no se poda, pues al crecer en demasía y muy rápido, fácilmente puede dañar los cables de telefonía y energía eléctrica, lo que siempre es causa de podas criminales por parte de personal de la CFE o de las compañías telefónicas.
Pero volviendo a lo del número de árboles, que Desarrollo Urbano exigirá plantar por cada uno que se tale, creo que el asunto, como en los programas de reforestación del Cofre de Perote que tanto se cacarean, no es sembrarlos sino ver, como decía mi abuela, que se “logren”; que crezcan pues. Porque una cosa es sembrarlos, pero otra muy diferente es cuidarlos, regarlos, podarlos, etcétera, hasta que lleguen a una edad en que sus funciones biológicas sean las óptimas. Hablamos aquí, entonces, de sustentabilidad y de programas a largo, pero a muy largo plazo, cosa de la que cualquier programa municipal adolece per se.
Una medida que se adoptó en algún trienio pasado, en el de Méndez de la Luz, creo (y si me equivoco me corrigen), fue la de sembrar árboles frutales (naranjos, limoneros, de mandarinas, etc.) a los que les fue muy bien el clima, y no rompen las banquetas, no crecen desmedidamente y no tiran los cables, pero sobre todo, dan frutos. Frente a mi casa hay algunos que sobreviven muy bien y que, además, proveen de limones frescos a más de dos o tres familias. Ojala se retome este ejemplo.
Pasen un muy buen fin de semana y por aquí nos vemos el lunes.
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