La crónica de hoy

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ALEJANDRO HERNÁNDEZA ver si es cierto

El ayuntamiento de Xalapa, no sin antes recibir mucha presión por parte del delegado del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), zona norte, Antonio Benítez Lucho, ha anunciado que retirarán a los vendedores ambulantes de los alrededores de la clínica 66 de ese instituto, toda vez que representan un grave riesgo, tanto para los pacientes que ahí acuden como para los transeúntes, por el uso inadecuado de gas LP.

Esta invasión manifiesta, que en Crónica de Xalapa hemos denunciado un sinnúmero de veces, debió haber sido controlada desde hace mucho tiempo, y no sólo en los alrededores de esa clínica, sino en las inmediaciones de todos los demás hospitales públicos de la ciudad.
En otros espacios de este periódico, y muy a tiempo porque en ese entonces sólo eran dos o tres personas con canastas, denunciamos hace años ya que alrededor del Instituto Estatal de Oncología se gestaba una invasión de vendedores de comida; por supuesto que nadie en el Ayuntamiento de Xalapa nos hizo caso y hoy ya son decenas de puestos los ahí instalados, no sólo utilizando tanques de gas de manera peligrosa, también invadiendo las banquetas con mesas, sillas, lonas y cualquier cantidad de trebejos.
El problema con los vendedores informales y que están en un mismo lugar mucho tiempo, es que en el Ayuntamiento les tienen muchas consideraciones, pues los regulan mediante una ley no escrita que se conoce como “crear derechos”, y tanto la respetan nuestros funcionarios, mucho más que a los propios reglamentos de Comercio, Desarrollo Urbano y Protección Civil, que alguna vez la exalcaldesa, Elizabeth Morales, como argumento para no retirarlos dijo, refiriéndose a los vendedores del parque Juárez, que “ya eran parte del paisaje urbano”. Y sí, aunque propiamente dicho son parte de la contaminación del entorno urbano.
Ahora, la declaratoria del alcalde, Américo Zúñiga Martínez, de retirar a los vendedores de los alrededores de la clínica 66 del IMSS podría, si no tuviéramos el referente de pasadas y fallidas reubicaciones, ser el principio de una serie de operativos que pudieran poner en orden al comercio informal. Aunque esto, por los lugares en donde el alcalde acostumbra a darse “baños de pueblo” poniéndose a comer tacos (los puestos ubicados en el primer tramo de Clavijero), suena bastante difícil, pues aunque en esa calle ya es imposible usar las banquetas de tanto puesto, sillas, mesas y rejas de refrescos, al alcalde no le parece mal, incluso, tomarse fotografías en un área pública invadida y maltratada.
Si bien es cierto que hay personas que tienen necesidad de vender en la calle, muchos de los que lo hacen sí tienen recursos para poner un negocio formal, sólo que, dadas las “facilidades” que el Ayuntamiento les da, pues prefieren la vía fácil de la informalidad y la evasión de impuestos. Y casos de éxito hay muchos, con ventas que ya quisiera un restaurancito o fonda familiar, de esos que sobreviven a las reformas fiscales, pagos de renta, IMSS, luz, etcétera.
Yo, hasta no ver un reordenamiento en serio, no creeré en las declaraciones del alcalde.
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