La crónica de hoy

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ALEJANDRO HERNÁNDEZSeguridad, nomás en el discurso

 

Las circunstancias nacionales parecen transitar por dos realidades paralelas: la de los políticos y la de los ciudadanos.
Para ellos, los políticos que se desempeñan en la función pública, la vida pinta de color de rosa. El peso, dicen, si bien se está devaluando a índices nunca antes vistos, nomás está siendo afectado por las condiciones económicas del mundo; las reformas estructurales quizá son duras, pero necesarias y traerán bienestar a largo plazo (quizá cuando ya hayamos muerto de hambre); la inseguridad va disminuyendo, etcétera. Para nosotros, los ciudadanos, la realidad es dura e indignante, pues la devaluación del peso afecta a empresarios e importadores, por tanto eleva el índice de precios de los productos básicos; las reformas no se ven en nuestros bolsillos, los recibos de luz no bajan y la gasolina, a pesar de que el petróleo anda por los suelos, nomás no baja de precio; y en las cuestiones de seguridad ya nomás no sabemos para dónde hacernos.
En este último tema, aunque los éxitos de la PGR agarrando grandes capos son contenido de sonados discursos triunfalistas, en la vida diaria los ciudadanos seguimos padeciendo robos en nuestras casas, asaltos en las calles, atracos a negocios, secuestros y extorsiones. En el ámbito local, concretamente en nuestra ciudad, la inseguridad parece no disminuir a pesar de vistosos operativos de las fuerzas del orden y de su evidente presencia en muchas calles.
Ante esta situación uno ya no sabe qué pensar, pues aunque es cierto que hay mucho policía en la ciudad, también lo es que los asaltos a transeúntes, a casas y comercios, y los hechos de sangre, se siguen presentando como si los delincuentes ya hubieran perdido el miedo a las autoridades. Porque no se explica uno que en las cercanías del Cuartel de San José haya asaltantes que se atrevan a robar una tienda de conveniencia; o que haya rateros que puedan tener todo el tiempo del mundo para desvalijar un cajero automático, ubicado en una dependencia oficial; o que haya quienes anden tan campantes alrededor de los bancos viendo nomás quién retira efectivo para seguirlo y quitárselo.
Ayer, cerca de las ocho de la noche, una vecina fue asaltada a punta de pistola, los asaltantes se desplazaban en una motocicleta y luego del atraco huyeron tan campantes, y aunque afortunadamente ella sólo sufrió una grave crisis nerviosa su percepción de la seguridad que tanto pondera el discurso oficial no coincidirá con el triunfalismo que de él emana. Todo esto, cabe acotar, sucedió en las cercanías de las Salas de Juicios Orales del Poder Judicial, y apenas a dos cuadras de donde está una gasolinera en donde surten de combustible a muchas patrullas de Seguridad Pública. Los delincuentes, reitero, han perdido el miedo a la policía y, seguramente, eso mismo los hace cada vez más cínicos y osados a la hora de cometer sus fechorías.
Sólo cuando los delitos, de esos que en el discurso oficial son llamados de “bajo impacto”, verdaderamente disminuyan y la gente empiece a sentirse segura en las calles, y hasta en su propia casa, podremos hablar de verdaderos triunfos policiacos, antes no.
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