Acoso laboral, y no sólo en la UV
Ha declarado recientemente la secretaria académica de la Universidad Veracruzana (UV), Leticia Rodríguez Audirac, que varios empleados de esa casa de estudios han sido sancionados por incurrir en prácticas de acoso sexual.
Afortunadamente en el caso de la UV, las mujeres que sufrieron del acoso de sus compañeros o de sus jefes tuvieron el valor de denunciarlos, y de aguantar a píe firme los procesos que de ello se derivaron; y digo afortunadamente porque en el ámbito laboral, hablando en general, el acoso sexual es una práctica bastante común que no se denuncia.
Según un estudio de hace unos dos años, al menos 1.4 millones de mujeres han sufrido acoso sexual en sus trabajos, esto es alarmante porque esa cifra significa el 10 % de la población económicamente activa. Aunque, y para alarmarnos más, esa cifra es bastante conservadora, pues dicen los expertos que en el 99.7 % de las veces el acoso no es denunciado.
El acoso, mayormente de hombres hacia mujeres, aunque también puede suceder viceversa, se da casi siempre de un empleado de mayor jerarquía hacia una mujer subordinada. Se tiene, incluso, un “retrato hablado” del acosador elaborado por expertos en el tema: un varón mayor de 40 años, casado, con una vida familiar y sexual insatisfactoria, necesidad de autoafirmación y control; laboralmente tienen una categoría superior a la acosada.
Y cito parte del estudio del Colegio Jurista de México: “Existen diversos grados de acoso sexual en el trabajo y el Colegio Jurista determina los siguientes: hostigamiento leve y verbal, chistes, comentarios, conversaciones de tipo sexual, silbidos o piropos ofensivos; hostigamiento no verbal sin contacto físico, miradas lascivas, gestos obscenos, guiños de ojos.
De igual forma, hostigamiento verbal grave, llamadas, cartas o e mails no deseados, presiones para salir a tomar o cenar con intenciones eróticas y/o comportamientos similares.
También, hostigamiento verbal con contacto físico no deseado, toqueteos, pellizcos, palmadas, sujetar la cintura, roces intencionados, acorralamiento; y hostigamiento físico, la consumación del acto sexual por la fuerza.”
El machismo, tan acendrado y casi imbatible, en nuestra sociedad, es el que propicia este tipo de conductas, mismas que permean hasta en la idiosincrasia de las propias mujeres, las cuales muchas veces son las más duras al momento de juzgar a sus congéneres que se atreven a denunciar el acoso, o que descalifican sus logros profesionales acusándolas de haberlos obtenido mediante favores de índole no laboral. La cultura del machismo es tal que, por poner de ejemplo el reciente caso del alcalde de San Blas Nayarit, que le levantó el vestido a una chica con la que bailaba delante de miles de personas, el funcionario al ser entrevistado parecía convencido de no haber cometido ninguna falta, pues lo había hecho “al calor de la fiesta”.
Nuestra sociedad sólo transitará hacia la equidad y la justicia cuando este tipo de pensamientos sean erradicados de tajo. Dentro de poco será el Día Internacional de la Mujer y seguramente oiremos sentidos discursos y arengas ensalzando a las mujeres, pero mientras no se pase del terreno de la oratoria al de los hechos, de poco o de nada habrán de servir.
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