Golpe de Tecla: Duarte-Yunes Linares, los pactos se hicieron para “romperse”

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Noe Zavaleta  (1 de 1)Transcurría el segundo año de la prosperidad, un sexenio con menos de 18 meses y los asesores del priista, Javier Duarte de Ochoa consideraron que era momento de reunirse con los acérrimos enemigos: La Yunada azul, encabezados por Miguel Ángel Yunes Linares e hijos.

Hubo dos encuentros, uno público, bautizado por columnistas como el pacto de Vía Muerta –aceptado por el propio Duarte, de forma escueta al periódico Notiver y uno más que transcurrió en la completa secrecía, realizado en la casa de Yunes Linares en El Conchal, ya en Alvarado.

Artífices y gestionadores de esa segunda reunión, los panistas, Fernando Yunes (Senador) y Alejandro Zairick (diputado local) y el priista, Jorge Carvallo, el trio contó con la venía de Duarte y Yunes Linares.

En la primera reunión el acuerdo fue tácito: Yunes Linares y sus hijos dejarían de “golpear” sistemáticamente a la figura del Poder Ejecutivo e ignorarían la incipiente insolvencia financiera del Estado. En contraparte, algunos contratistas y proveedores de insumos estatales –y con afectos en la familia Yunes- les serían liberados los adeudos heredados en el sexenio anterior, pero también en el actual.

El acuerdo duró solo un año –mediática y políticamente se cumplieron los objetivos- y dio pie a una reunión más. Está, desarrollada, en el corazón de la familia Yunes, en la casa del ex priista durante tres décadas. Ahí las negociaciones políticas fueron más tenebrosas y maquiavélicas, era previó al proceso electoral federal 2012.

Del lado azul, la petición fue solo una: Vetar la candidatura a senador plurinominal del ex gobernador, Fidel Herrera Beltrán y en contraste, el propio Miguel Ángel Yunes tampoco sería candidato a senador, cediendo el escaño y la posición a su hijo, Fernando Yunes, quien tuvo que dejar tirada la curul a legislador local.

Otra moneda de cambio en el aspecto político sería seguir dejando trabajar al propio Duarte de Ochoa, sin las “pedradas” abruptas en los medios de comunicación del mayor de los Yunes.

Sin embargo, aunque el gobierno próspero cumplió su parte del pacto: Vetar a Fidel Herrera y notificarlo así al altiplano priista, Duarte y el operador político Erick Lagos “tensaron” la relación con los Yunes del PAN al exportar a los panistas de bajo perfil, Eduardo Vega Yunes, Xochitl Tress Rodríguez y Silvia Monge al palacio de gobierno, entre otros.

Desde ahí, la Yunada y el mandatario estatal priista entendieron la máxima popular de que en “política, los pactos se hicieron para romperse”. Regresando los odios y enconos de un lado y del otro.

Tan es así, que hoy legisladores federales, el comité directivo estatal priista y diputados locales han agarrado de “bandera de transparencia y castigo a la corrupción” sancionar al alcalde de Boca del Río, Miguel Ángel Yunes Márquez por un presunto enriquecimiento ilícito.

Los únicos que continuaron fortaleciendo su amistad, fueron los panistas, Fernando Yunes y Alejandro Zairick con el priista, Jorge Carvallo.

Esta historia que fue contada por un fidelista, certificada con un yunista y corroborada a regañadientes por un duartista, vuelve a cobrar vida, una vez que Javier Duarte ha “roto” relaciones con ambos senadores del PRI, Héctor Yunes –primo hermano de Yunes Linares- y con José Yunes, ambos visibles aspirantes a sucederlos.

Se ignora, si en las dos reuniones de Duarte con sus acérrimos enemigos, Héctor Yunes entraría en el rejuego y en el cambio de “favores políticos”, se ignora también la relación político-afectiva que Yunes Zorrilla tenga con los Yunes de Acción Nacional.

Lo que sí es cierto es una cosa, que hoy en el PRI de Ruiz Cortines, en Palacio de Gobierno, en el Congreso Local y en los ayuntamientos rojos, los priistas viven horas de angustia, pues acelerados los tiempos electorales y con la sucesión a vuelta de la esquina, las inclinaciones hacía el gallo del 2016 no están del todo claras.

Adentrándose en los entretelones del PRI, al día de hoy, lo único que queda claro son las siguientes connotaciones políticas, en aras de reactivarse en la función pública, todo aquel discípulo, seguidor o beneficiado con Fidel Herrera Beltrán –y ligado al fidelismo- se inclinará, en aras de la supervivencia política, de “apoyar” la cargada priista, hacía el senador, José Yunes Zorrilla.

Esos precursores de hacer efectivo el “pepeyunismo” en el 2016 irán encabezados por el alcalde de Xalapa, Américo Zúñiga, los ex fidelistas, Juan Rene Chiunti, Jorge Carvallo, Marcos Theurel, Juan Manuel Velázquez, entre otros.

Mientras, los duartistas acaban de sufrir un fuerte descalabro con el “caña-gate”, pues hasta hace dos semanas, los priistas del sexenio próspero ya daban por descontado que “queriendo o no” tendrían que apoyar a Héctor Yunes, bajo el escozor y zozobra de que “la sangre llama” y Yunes Landa podría caer en la tentación de no “retener para el PRI” la gubernatura en el 2018 y entregársela a la familia.

Sin embargo, con la rabia y cólera en la que monto Yunes Landa declarando que Duarte es un “antivoto” para el PRI y que “hace una política de kínder”, a los priistas leales al mandatario estatal les quedó claro, que hay muy pocas probabilidades que entre el gobernador y el aspirante priista a sucederlo en cuestión pueda darse una reconciliación plena.

Las elucubraciones políticas ya están dadas. La pelota de la sucesión 2016 ya está en la cancha, hasta el momento, el PRI arrancó con una severa combustión interna y con el vestidor roto, hace falta, tendría que venir, un director técnico, interino o exportado que venga a darle rumbo al tricolor, sí este aspira a retener la gubernatura o en su defecto, desde el altiplano, ya se está fraguando la entrega a la oposición. Quedan 9 meses para saber que pasara.

Frase de la semana

“La relatoría está altamente preocupada por la situación de violencia contra las y los periodistas por la cantidad de asesinatos que han ocurrido en los últimos cinco años. El efecto que eso está generando, no solo las víctimas y el efecto que tiene en la sociedad de Veracruz”, Edison Lanza, Relator Especial para La Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

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