Exposición ‘1985: Cuatro décadas de fuerza colectiva’ recupera la memoria de la fortaleza comunitaria

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El 19 de septiembre de 1985 permanece grabado en la historia de México como una fecha imborrable que atravesó el espacio físico y emocional de millones de personas. El sismo, uno de los más devastadores en Ciudad de México, provocó miles de pérdidas humanas, daños materiales incalculables y un profundo impacto social que trascendió generaciones.

Sin embargo, más allá del dolor y la destrucción, aquel día abrió paso a uno de los capítulos más conmovedores de la vida colectiva en nuestro país. Surgió una fuerza extraordinaria, un tejido de solidaridad y colaboración entre vecinos, rescatistas, voluntarios y ciudadanos comunes que, sin distingo, unieron su voluntad para socorrer y reconstruir. Fue en esos momentos cuando la verdadera grandeza emergió: el espíritu de resistencia y la fortaleza comunitaria que se convirtió en ejemplo mundial.

Fue la arquitecta Myriam Vilma Urzúa, secretaria de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México, quien recordó esa tragedia que cambió para siempre la historia y el corazón de la capital del país: el sismo de 8.1 de 1985. Hace 40 años, la tierra tembló con una fuerza que estremeció a millones.

Previo a la inauguración de la exposición 1985: cuatro décadas de fuerza colectiva en la Galería de las rejas de Chapultepec, explicó que la muestra se presenta ahora como un espacio para reflexionar sobre ese pasado que, en ocasiones, parece lejano, pero que sigue vivo en nuestra memoria.

La exhibición, conformada por 58 imágenes, captura la crudeza de la emergencia y la nobleza humana que se desbordó en cada colonia afectada.

Este ejercicio fotográfico invita a resignificar la memoria colectiva, a entender que el recuerdo del sismo no es simplemente una lección de tragedia, sino un llamado constante a preservar la solidaridad, la empatía y el compromiso social.

Para hacer posible esta iniciativa, se contó con el apoyo del Acervo Histórico Fundación ICA, así como del fotógrafo Enrique Villaseñor, el documentalista Andrés Garay y la Hemeroteca Nacional de México.

Las fotografías van más allá de mostrar escombros y edificios colapsados; revelan rostros, manos extendidas, miradas de esperanza y actos de valentía cotidiana. Son un homenaje a quienes perdieron la vida, a quienes lucharon bajo los escombros, a quienes brindaron descanso y alivio, y a todas las comunidades que demostraron que la unión es el motor para la reconstrucción.

La secretaria de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México planteó que esta exposición no es solo un viaje en el tiempo, es una herramienta para la conciencia colectiva. Recordando que, ante los desafíos y amenazas, la gran riqueza de México está en su gente, en la fuerza que brota cuando las personas se reconocen en su vulnerabilidad común y deciden actuar con corazón.

Durante un mes, del 27 de agosto al 28 de septiembre, este espacio natural y cultural se convertirá en un sitio de encuentro con la historia, donde visitantes de todas las edades podrán detenerse y vivir la emoción, para entender que la memoria no destruye el futuro, sino que lo construye con bases sólidas.

La funcionaria, acompañada de la secretaria de Cultura de la Ciudad de México, Ana Francis López Bayghen Patiño, indicó que aquel día no solo quedó marcado por la destrucción. Surgió algo mucho más poderoso: la solidaridad de su gente, vecinas y vecinos, sin importar diferencias, se unieron para rescatar, apoyar y sanar. Fue la prueba de que cuando el peligro golpea, la verdadera fuerza está en la unión, en el pueblo que se cuida y se levanta.

De esa experiencia, enfatizó Vilma Urzúa, “nació una transformación profunda: mejores normas de construcción, sistemas de alerta que hoy nos protegen y una cultura de prevención que hemos ido construyendo con constancia y compromiso. Cada simulacro, cada esfuerzo, es un paso para que nunca volvamos a vivir una tragedia igual”.

 

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