•Peor sexenio de la historia
•16 razones para el hartazgo
I
El gobernador de Veracruz merece un récord Guinness que el envidioso del secretario de Turismo, Harry Grappa, quien suele entregarlos, le ha negado.
Y lo merece, entre otras razones, por lo siguiente:
Una. En menos de cuatro años cambió a 56 funcionarios. Muchos, despedidos, y para siempre. Otros, enrocados. Otros más, castigados un tiempecito y resucitados después. Incluso, exhibidos porque “defraudaron mi confianza” y luego de aguantar vara con la humillación, reinstalados.
Dos. Nunca como ahora en la historia de los 73 jefes del Poder Ejecutivo Estatal la deuda pública ha alcanzado dimensiones incalculables.
Más aún si se considera que tanto Agustín Acosta Lagunes como Patricio Chirinos Calero la dejaron en cero.
En contraparte, Miguel Alemán Velazco y Fidel Herrera Beltrán la dispararon sin ton ni son.
Tres. Si con Acosta Lagunes, el fuego cruzado y los muertos provenían de “La Sonora Santanera” ahora se deriva de los carteles y cartelitos.
Pero el nombre de Veracruz ha alcanzado el descrédito nacional y extranjero con los once reporteros y fotógrafos asesinados, más los tres desaparecidos.
Cuatro. Jamás como ahora el jefe máximo había estado conflictuado con los senadores de la República.
En el caso, con el senador panista, ni hablar, hay cortocircuito. Pero tratándose de los senadores priistas resulta inverosímil, cuando ellos bien pueden ser cabilderos para muchas cositas federales, entre ellas, bajar recursos públicos.
II
Cinco. Nunca como hoy Veracruz en el mundo. El peor rincón del planeta para el gremio reporteril. El peor lugar del país para el paso de migrantes de sur a norte. Veracruz, segundo lugar nacional en secuestros. Veracruz, segundo lugar nacional en narcofosas… que ni siquiera, vaya, con Acosta Lagunes y Patricio Chirinos aconteció.
Seis. Cinco años después, cero obra pública estatal. Ninguna obra de infraestructura trascendente en la vida regional. Apenas la obrita municipal.
Siete. El góber jarocho ha rebasado a sus antecesores en chistes y chismes. También en apodos.
Ocho. De igual manera, el góber merece el récord Guinness por tantas habladurías, cierto, de los políticos; pero también de los ciudadanos, y ni se diga de las mujeres.
Diríase, incluso, que gracias a él… las mujeres se han politizado y desde ahora ruegan al Señor Todopoderoso que los días que faltan del sexenio pudieran irse “como agua”.
Nueve. Jamás un periódico extranjero, El País de España, con su edición de América Latina, había dedicado 55 reportajes a un góber jarocho. Muchos, muchísimos a partir del tsunami de violencia. Secuestros. Desaparecidos. Mutilados. Sepultados en fosas clandestinas. Arrojados al río Blanco.
Diez. Si otros gobernadores tuvieron un hermano incómodo, Rafael Hernández Ochoa con Fernando, Agustín Acosta con Rafael, Fidel Herrera con Moisés, QEPD, Cecil Duarte merece más habladurías por escándalos manifiestos que todos conocen.
Once. El nepotismo ha alcanzado niveles inverosímiles. Más del lado de las primas de la presidenta del DIF. Y ni se diga los negocios del suegro del góber.
Vaya, hasta las ligas con una cadena de periódicos que de la noche a la mañana se multiplicaron en Veracruz como el sarampión, los hongos y la humedad.
Doce. Jamás, como hoy, las irregularidades de la Auditoría Superior de la Federación. 7 mil millones de pesos en el último tramo. 6 mil millones de pesos del ramo educativo. 4 mil millones de pesos del sector salud.
Tal cual, ya podrá el lector visualizar, imaginar, suponer el lodazal con los cien mil millones de pesos anuales del presupuesto estatal.
400 mil millones en los últimos 4 años del sexenio.
III
Trece. La compra desmedida de los partidos políticos, con sus diputados locales, subastando su voto en el Congreso al mejor postor.
El PAN rojo. El PRD rojo. El AVE roja. El PT rojo. El PVEM rojo. El PANAL rojo. El PES rojo.
Catorce. Las versiones por todos lados del enriquecimiento inexplicable de la generación fidelista en el barco sexenal.
Once años de tropelías seguiditas.
Con ellos, gobernar es robar.
Quince. En otros sexenios, las barbies y ladies han existido.
Ahora, sin embargo, se adueñaron del escenario. Salieron a la luz pública. Exigieron su lugar. También, cargos públicos.
Por fortuna, ningún fidelista ni duartista ha llegado al nivel del alcalde de San Blas, Nayarit, aquel que sólo “robó un poquito”, y quien casi casi desnudara a su noviecita bailando el día de su cumpleaños en el entarimado con un pachangón, con cargo al erario, de 15 millones de pesos.
Dieciséis. Los poderes Legislativo y Judicial, doblegados.
Los partidos políticos, doblegados.
La elite eclesiástica, doblegada.
Los diputados federales, doblegados.
La mayor parte de los medios, doblegados.
El espacio público reducido, entonces, a cero.
Por eso, el secretario de Turismo ha de entregar un récord Guinness al jefe máximo.

