
- Alfredo Ferrari Saavedra fue ratificado de hecho y derecho como el presidente del CDE del partido tricolor
- He aquí seis escenarios que explicarían quizá, acaso, las razones de su ascenso…
Alfredo Ferrari Saavedra fue elegido presidente del CDE del PRI, luego de su interinato. Lo seguirá acompañando la Barbie de barbies, Corinta Cruz Oregón, quien fuera descarrilada por Elizabeth Morales para la candidatura a diputada federal. Ni modo, que fue la encuesta…
Así, alrededor del nombramiento de Ferrari pudieran establecerse los siguientes escenarios:
Escenario El negro del negro:
Ferrari Saavedra se le metió hasta la recámara priista a Javier Duarte. Pero también a Fidel Herrera, el primero, que gobierna, y el segundo, que manda.
Por eso, la estampida de los búfalos tendría un solo nombre. Fidel Herrera, quien habría influido de manera decisiva lo que Juan Maldonado Pereda llamaba “El tiempo de la negritud”.
Es decir, Fidel es de piel morena morena. “Estoy negro por el sol en las giras y en campaña” decía en “la plenitud del pinche poder”.
Y como Ferrari es más negro que Fidel, entonces, el góber fogoso y gozoso lo impuso en el PRI.
Así, ante Ferrari… Fidel es un hombre de piel blanca, sin llegar, claro, a Miguel Ángel Yunes Linares con sus ojos azules, el trauma del “Tío”.
Escenario El bembón:
El sueño de toda la vida del dentista y agricultor de piña, Ramón Ferrari Pardiño, ha sido la presidencia del CDE del PRI.
Ningún gobernador, desde Agustín Acosta Lagunes, con quien se zambullía en las aguar termales de Carrizal, se la ha concedido.
Entonces, quiso reflejarse en su primo hermano, que iba encaminado como interino.
Y, por tanto, habría cabildeado al oído de Javier Duarte y Fidel Herrera para su imposición.
Escenario Llorente/Chuayffet:
Alfredo Llorente Martínez es amigo y fue jefe de Alfredo Ferrari. En BANRURAL y LICONSA, por ejemplo, caminaron juntos, como su secretario particular, tiempo aquel del reino antrero en Boca del Río.
Llorente es director del Instituto Nacional de Educación para Adultos, INEA, nombrado por Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación y exsecretario particular de don Arturo Llorente González en la subsecretaría de Trabajo y Previsión Social en el echeverrismo.
Llorente hijo cabildeó ante Chuayffet, nombrado Enlace Político con los gobernadores del sur del país, entre ellos, Javier Duarte, y por ahí habría llegado la imposición de Ferrari en el CDE del PRI.
Escenario Corintia Cruz:
Alfredo Ferrari fue presidente interino del PRI a la salida de Elizabeth Morales con Corinta Cruz Oregón como secretaria general.
Y como Corintia tiene derecho de picaporte en el palacio de Javier Duarte, Ferrari Saavedra tuvo espacio y tiempo para ganarse el corazón de Corintia.
Y Corintia fue su ángel de la guarda ante Duarte, en la inteligencia de que Ferrari la seguirá cuidando ahora como secretaria general emanada de un cónclave.
Escenario 2 por ciento a la nómina.
Alfredo Ferrari se desempeñó como titular del 2 por ciento a la nómina.
Y tal dependencia es como una caja chica del gobernador en turno como durante tantos años lo fue y es el SAS, Sistema de Agua y Saneamiento Metropolitano, y como fuera Maquinaria de Veracruz, MAVER, que Duarte desapareció para tapar los trastupijes de su antecesor.
Y desde el 2 por ciento a la nómina Alfredo Ferrari se bañó en tina y chapoteó, es decir, salpicó para arriba, quizá también para abajo.
Su premio: de la secretaría general del CDE del PRI a la presidencia interina a la presidencia del partidazo.
Escenario Las barbies del PRI:
Ferrari contemporaneizó en el CDE del PRI con un montón de barbies y ladies. Elizabeth Morales, Érika Ayala, Corintia Cruz, Zazil Reyes y Ana Guadalupe Ingram, entre otras.
Feo entre las bonitas, sólo le quedó la lengua para echar chorizos, tipo fidelíneas, a las barbies, a las que, además, blindó y abrió caminos.
Así, y como parte de su estrategia para llegar al CDE, Ferrari cabildeó en el corazón y el oído de Duarte y Fidel con las barbies.
Además, claro, de que pudo haber tejido con otros duartistas, incluso, hasta en el CEN del PRI.
Y al despertar, escribió Tito Monterroso, el dinosaurio priista seguía ahí…

