Don Diego: el arte de hablar y susurrar a los muertos

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El señor se ha dedicado a esta actividad desde hace más de 40 años. Sus servicios aumentaron por la pandemia del SARS-CoV2 (Covid-19).

Don Diego Carrasco susurra al oído de los cadáveres mientras los embalsama y los prepara al interior de una funeraria de la ciudad de Xalapa, la capital de Veracruz.

Algunos cuerpos han llegado tensos, rígidos, pero habla con ellos; les pide que relajen sus músculos y que lo ayuden a terminar el trabajo para que estén presentables frente a sus familiares en el último adiós.

A cada fallecido le habla distinto, dependiendo si es hombre, mujer o menor de edad. La respuesta recibida nunca ha sido verbal, sino meramente corporal.

“A la mujer le digo: a ver mamacita, a ver abuelita, dependiendo la edad, voy a trabajar con tu cuerpo, tú tranquila, relajadita (sic), déjame chambear, para que te veas bonita, para que hagas todo lo que tengas que hacer allá cuando llegues. Y, mire, parece que se sueltan”, relata mientras muestra sus herramientas sobre una plancha de aluminio donde coloca los cuerpos y se comunica con ellos.

Recuerda la recién experiencia con su difunto suegro, cuyo semblante parecía triste y, posteriormente, en la misa de cuerpo presente su rostro denotaba alegría, hasta sonreía.

“Es algo bonito, hay cosas que no sé qué tengan que ver o por qué suceden. Me sucedió con mi suegro, acaba de fallecer y me dice mi esposa: qué le dijiste a mi papá que parece que se va riendo. Le digo que ese es mi trabajo”, detalla.

LO PARANORMAL

El señor se ha dedicado a esta actividad desde hace más de 40 años. También ha visto cosas extrañas en su espacio laboral. Incluso, algunos de sus compañeros han renunciado por esa situación.

“Un compañero me dijo el otro día que estaba viendo las cámaras de videovigilancia, viendo a otra parte y de repente se pone un muñequito que corre, eso es cuando hay gente aquí y no había nadie”, enfatiza.

Cuando trabaja de noche, ha escuchado ruidos que lo asustan. A veces cerca o lejos, se oyen gritos de personas quejándose, lamentándose, sobre todo cuando está solo.

“A veces sí se siente el ambiente pesado, se oyen así como gritos, como alaridos, a veces se oyen cerca, a veces se oyen lejos, pero ese compañero desde que escuchó eso mejor dijo: adiós, ahí nos vemos”, relata.

Don Diego es xalapeño, ama su empleo y no le teme a la muerte, pues ha intentado comprenderla. Se esmera en el embellecimiento de los cadáveres para que sus familiares crean que solamente están dormidos.

TRABAJAR CON NIÑOS

Lo más triste, lo peor de su oficio, es cuando recibe el cuerpo de una niña o niño. Los sentimientos lo traicionan y hasta ganas de llorar le dan.

“Llega un adulto, piensas o te imaginas: ya vivió, ya gozó. Pero un niño, un niño sí es lo más duro”, cuenta con un nudo en la garganta.

Ha recibido bebés, pero también menores de edad, de diez, 12 o 15 años, lo que resulta para don Diego una experiencia bastante dolorosa.

“Muchas veces es bueno ver que el niño falleció, no por egoísta, sino porque pobrecito está sufriendo, más los niños con cáncer, son los que más sufren y verlos cómo van quedando, entonces, dice uno: no quiero ser egoísta, sé que duele que se vayan, pero de todo esto, dejó de sufrir y ya está descansando”, indica.

Don Diego ofrece sus servicios en la funeraria Tepeyac, una de las más populares en la zona metropolitana de Xalapa. Se encuentra sobre la prolongación de Jorullo número 115, en la colonia Aguacatal.

REPUNTAN SERVICIOS FUNERARIOS

Desde el inicio de la pandemia, a finales de marzo de 2020, los servicios funerarios aumentaron en distintos municipios de la entidad, no solo en Xalapa.

En la ciudad capital fue ampliado
el panteón municipal Bosques de Xalapa, ubicado sobre la calle Carlos R. Smith, en la colonia Mártires de Chicago.

Los trabajos sólo se llevaron a cabo en dicho cementerio, pues se detectó un espacio para 100 nuevas tumbas.

En la zona conurbada Veracruz-Boca del Río también repuntó la demanda en las funerarias, debido al elevado número de casos por coronavirus.

Solo en el puerto de Veracruz, hasta el martes 11 de enero, se contabilizaron 2 mil 325 defunciones, 23 mil 785 casos positivos y mil 554 sospechosos.

Las cifras de la Secretaría de Salud de Veracruz (SS) muestran que en Boca del Río murieron 295 personas por Covid-19, se contagiaron 2 mil 712 y hay 250 casos sospechosos.

Mientras que en Xalapa se registraron mil 205 fallecimientos, 11 mil 125 positivos y 969 sospechosos. El semáforo regional retrocedió al color amarillo, de riesgo medio de contagio.

MEDIDAS PREVENTIVAS

El presidente municipal de Xalapa, Ricardo Ahued Bardahuil, revela que esta semana se darán a conocer las medidas sanitarias que serían aplicadas en la ciudad para evitar la propagación del coronavirus.

Por ese motivo, se han sostenido reuniones con las autoridades del Sector Salud y de la Secretaría de Bienestar para determinar estrategias y así contener la pandemia.

Se busca no afectar la actividad económica tras un posible cierre de negocios en el municipio.

“Si nos dicta a nosotros el sector salud que coadyuvamos para que pongamos una restricción de acuerdo a los parámetros que nos dicten, nosotros solo lo replicamos y tenemos que actuar”, afirma.

De acuerdo con las autoridades sanitarias, los municipios en semáforo amarillo deben garantizar que las actividades esenciales funcionen al 100 por ciento, mientras que los servicios de entretenimiento y eventos masivos deberán realizarse con aforos del 75 por ciento.