El uso de esta tecnología aporta grandes beneficios para la salud mental
La Inteligencia Artificial se está adentrando tanto en nuestras vidas que ya prácticamente es una más en nuestro día a día. Con un uso ético y correcto, puede ser una aliada poderosa en nuestras tareas cotidianas. A muchas personas ya les está cambiando la forma en que trabajan, estudian y organizan su tiempo.
Entre sus múltiples beneficios, la IA destaca por su capacidad para ayudarnos a optimizar el tiempo, mejorar el enfoque y reducir la ansiedad frente a decisiones diarias. No solo es útil para empresarios o estudiantes, sino también para personas que lidian con desafíos cognitivos como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
Según la UNESCO, herramientas de IA adaptativa han permitido a personas con dislexia, TDAH o autismo mejorar su desempeño académico y profesional con un incremento del 20–30% en sus resultados. “Con apoyo tecnológico adecuado, se puede prosperar tanto en la vida personal como en la profesional”, afirma el psiquiatra Dr. Scott S. Shapiro.

IA para organizar, priorizar y empezar
Uno de los grandes desafíos para quienes tienen TDAH es traducir sus ideas en acciones concretas. Habilidades como la organización, priorización, gestión del tiempo y regulación emocional no siempre son intuitivas. Ahí es donde la IA puede entrar como una ayuda esencial.
Por ejemplo, herramientas como Motion, Reclaim AI o Google Calendar con IA permiten planificar el día con anticipación, dividiendo tareas complejas. Una técnica eficaz consiste en planificar tres tareas principales, agregar tareas rutinarias y dejar huecos para descansos. Así, al despertar, el usuario ya sabe qué debe hacer sin gastar energía mental en decidirlo.
Además, asistentes conversacionales como ChatGPT pueden actuar como compañeros de trabajo que ayudan a iniciar proyectos paso a paso. Cuando una persona se siente bloqueada frente a una hoja en blanco, puede usar la IA para generar ideas, organizar pensamientos o incluso crear plantillas de tareas repetitivas. Esto no solo reduce el estrés inicial, sino que genera una sensación de progreso y control que puede ser clave para mantener la motivación.
Ganar tiempo para reducir la frustración
Las personas con TDAH suelen ser creativas, inteligentes y llenas de ideas, pero a menudo les cuesta llevarlas a cabo por falta de estructura o por saturación mental. Al automatizar y facilitar lo más difícil, como empezar, decidir por dónde seguir o recordar lo importante, la IA permite que esas fortalezas florezcan.
Escribir los pasos de una tarea, desarrollar protocolos o reutilizar plantillas son estrategias que la IA puede optimizar fácilmente. Esto no solo ahorra tiempo, sino que reduce la frustración y mejora la autoestima, lo que favorece la continuidad y el logro de objetivos a largo plazo.

La mejor medicina… si se usa de forma ética
La clave está en usar la IA como una herramienta, no como una solución a todo. Si se implementa de forma ética y personalizada, la inteligencia artificial puede ser una aliada clave para que las personas con TDAH dejen de sentirse desbordadas y comiencen a avanzar en su vida personal y profesional.
Porque como demuestran los estudios, son capaces de mejorar los efectos de medicamentos o terapias sin prácticamente esfuerzo. Aunque, al igual que una medicación, hay que saber cómo funcionan, conocer sus riesgos y controlar su uso.
Aunque persisten debates sobre el uso y los riesgos del desarrollo acelerado de la IA, un número creciente de personas neurodivergentes considera a estos modelos una suerte de salvavidas digital, capaz de ofrecer acompañamiento, asesoría y hasta empatía en tiempo real.
Experiencias personales: la IA como aliada clave
Kate D’hotman, cineasta radicada en Ciudad del Cabo, conoce bien el peso de las dificultades para descifrar las señales sociales. A sus 40 años, D’hotman vive con autismo y TDAH, y si bien su profesión le exige conectar con audiencias, interactuar cara a cara puede ser abrumador: “Nunca he entendido cómo la gente descifra las señales sociales”, confiesa a Reuters. Desde 2022, ha integrado ChatGPT, el chatbot de OpenAI, en su rutina laboral y personal para ayudarla a superar obstáculos comunicativos. Lo consulta antes de enviar mensajes a sus colegas, le pide analizar el tono de sus textos y lo utiliza incluso como un “terapeuta” digital para desentrañar malentendidos en sus relaciones más cercanas.
En una ocasión, al enviar a su jefe una lista directa de sugerencias de mejora para la empresa, D’hotman se encontró con que su respuesta fue interpretada como ruda. Desde entonces, prefiere que ChatGPT revise la forma y el fondo de sus interacciones importantes. A veces le plantea distintos contextos y solicita que actúe como psicólogo: le ha dado semanas de mensajes para revisar y extraer matices que de otra forma se le escaparían. “Sé que es una máquina —admite—. Pero, a veces, sinceramente, es la voz más empática de mi vida”. Valora especialmente el tono positivo y la ausencia de juicios, algo difícil de encontrar en el trato cotidiano.
Sarah Rickwood, gerente de proyectos en Kent, Reino Unido, también convive con autismo y TDAH. La falta de control sobre sus pensamientos y la dificultad para mantener la atención pueden hacer que pierda el hilo en las conversaciones, lo que genera malentendidos. Para Rickwood, la IA le permite estructurar mejor correos electrónicos, propuestas laborales y otros mensajes: ha logrado, gracias a esa ayuda, aprovechar más su potencial intelectual y reducir el estrés asociado a comunicarse.

Herramientas creadas con la neurodiversidad en el centro
El crecimiento del uso de chatbots respaldados por IA es indiscutible: según un estudio de enero de Google e Ipsos, el uso global de IA aumentó un 48 %, con más de 400 millones de usuarios semanales activos y al menos 2 millones de suscriptores empresariales en la plataforma de OpenAI. Ante esa demanda, aplicaciones especializadas han surgido para responder a situaciones específicas de la neurodivergencia.
Michael Daniel, ingeniero en Newcastle, Australia, desarrolló NeuroTranslator después de ser diagnosticado —junto a su hija— con autismo. Su objetivo fue encontrar una manera de comunicarse más eficazmente con su esposa neurotípica y el resto de su entorno cercano. La herramienta le permite analizar sus propias palabras y anticipar cómo podrían ser interpretadas por los demás, lo cual evita “cargas emocionales” innecesarias en la dinámica familiar. Más de 200 usuarios pagan hoy por la aplicación —cuyo prototipo web, Autistic Translator, superó los 500 suscriptores mensuales—.
Riesgos y advertencias ante el avance de la IA
A pesar del impacto positivo, expertos advierten que la conveniencia de la IA puede volverse adictiva y promover una dependencia excesiva. La científica de la computación Larissa Suzuki sostiene que el abuso de chatbots podría obstaculizar habilidades de adaptación y rendimiento fuera del entorno digital, o incluso volverse problemático cuando los sistemas fallan o arrojan errores. Un reciente informe de Carnegie Mellon y Microsoft señala que el uso prolongado de IA generativa puede reducir la capacidad de pensamiento crítico, especialmente en tareas rutinarias donde el usuario delega completamente en la tecnología.
Otros especialistas, como la psicóloga Melanie Katzman, reconocen los beneficios de las herramientas para personas neurodivergentes pero advierten que, a diferencia de un terapeuta humano, la IA rara vez incentivará al usuario a salir de su zona de confort. Un chatbot, dice, difícilmente animará a enfrentar desafíos sociales fuera del entorno virtual.
Dependencia tecnológica y necesidad de regulación
El asesor de inteligencia artificial Gianluca Mauro enfatiza que los chatbots priorizan la satisfacción del usuario por encima de mecanismos críticos o recomendaciones éticas; al no estar regulados ni sujetos a códigos profesionales, existe un riesgo si la tecnología se convierte en la única vía de comunicación para personas vulnerables. De ser así, sostiene Mauro, la regulación resultaría inevitable.
A pesar de las advertencias, quienes encuentran en la IA una ayuda vital insisten en que la tecnología cubre un vacío tangible. Kate D’hotman comparte que tras recibir su diagnóstico, su capacidad de comunicación se redujo radicalmente, lo que la llevó a un periodo de reclusión que la dejó prácticamente aislada. Hoy, asegura: “Como alguien que ha luchado con una discapacidad toda mi vida, necesito esto”. Para muchos neurodivergentes, la IA representa no solo una herramienta, sino una nueva vía para integrarse plenamente en la vida social y profesional.
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